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Para IWC los meses de febrero suelen estar teñidos de azul y blanco. Los colores de la fundación «Laureus Sport for Good Foundation», y el momento del año donde sacan una pieza de la que una parte de su precio va dirigida directamente a fines ligados a mejorar el día a día de niños en riesgo de exclusión social. Desde el año 2005 han creado relojes especiales para la ocasión donde parte de los ingresos van a la promoción activa del deporte en países en vías de desarollo.

IWC Mark XVIII

La línea Aviador Mark es la puerta de entrada al mundo IWC, pero no por ello deja de ser uno de sus relojes más interesantes desde el punto de vista de versatilidad. Estamos ante un reloj de día, que con este acabado se posiciona en un punto más cañero que el IWC Pilot Mark XVIII. Estamos ante un reloj más joven, y decididamente más actual. Y algo que nos gusta, una edición limitada solamente a 1.500 piezas disponibles inmediatamente.

Como sienta en la muñeca

Este reloj tiene dos grandes puntos fuerte: y son básicamente su versatilidad y su estética.
Fue el reloj que más me gustó de la colección de IWC presentada durante SIHH 2018 solo adelantado por el fabuloso Pallweber.

La primera impresión para con un servidor fue de auténtico flechazo. No sólo porque lo encontré deportivo, sino también porque es sofisticado e incluso elegante a pesar de sus 41mm. No sería raro ver a alguien con un total look azul marino y este reloj en la muñeca. No desmerecería, eso os lo puedo asegurar. En el momento que lo tocas te quedas impregnado de todo lo que la marca quiere transmitirte. El negro de la cerámica junto al azul oscuro de su esfera son un llamamiento a los estetas más exigentes. Y el detallito del segundero en rojo es el punto de picante necesario para un conjunto de estas características.

IWC Mark XVIII Laureus Edition

Como os comentábamos con traje el IWC Mark XVIII Laureus Edition también está como pez en el agua

En el interior

Detalle del fondo con el dibujo de la niña brasileña ganadora del concurso.

Nada nuevo en este sentido. Seguimos hablando del calibre IWC 35111 (base Sellita SW300-1), con 42 horas de reserva de marcha y una capa interna de hierro dulce que le da características de antimagnético. Es sumergible a 60 metros en parte gracias a su corona roscada. Nada nuevo en este sentido. Y lo que se podría valorar es que montando ese movimiento estamos hablando de un auténtico seguro de vida. El fondo es ciego, y presenta una ilustración de la niña brasileña que ganó un concurso entre cientos de propuestas. Un reloj muy chulo, moderno y elegante que no desentonaría en ningún campo. Claramente, uno de los nuestros.

Presentado en el último SIHH, el nuevo Mark XVIII se ha convertido fugazmente en una de las piezas más interesantes de la línea de relojes de aviador por excelencia, la de IWC. Con la sencillez propia de sus predecesores, Mark XVII y Mark XVI, y con un tamaño en el ecuador entre los 36 mm del Reloj de Aviador Automático 36 y el nuevo Big Pilot de 44 mm, vistos también en el último SIHH, es versátil, sencillo y discreto. Un back to basics en toda regla con un resultado inmejorable.

Con caja de acero fino de 40 milímetros, manteniendo la caja interior de hierro dulce antimagnética de modelos anteriores, está disponible en tres versiones; dos de esfera negra, una con correa de piel de ternero de Santoni y otra con brazalete de acero, y una con esfera plateada con la misma correa de piel. Y además de estas versiones «convencionales», IWC no se ha olvidado de dos de sus ediciones limitadas clásicas, con lo que también tenemos el Mark XVIII Le Petit Prince, con su característica azul y correa marrón también de Santoni, y el Mark XVIII TOP GUN Miramar, con esfera antracita y que ve su tamaño ampliado hasta los 41 mm.

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Sencillos pero con presencia. Como todo IWC Mark XVIII debería ser.

Su esfera, inspirada en los instrumentos de a bordo de un Junkers Ju 52 de los años treinta, como el que aparece grabado en el fondo del reloj, se ha reducido a lo estrictamente esencial, siguiendo el estilo de los relojes de aviación clásicos, con índices y números árabes de grandes dimensiones que favorecen la claridad y legibilidad en cualquier situación, con la única distracción de la indicación de fecha situada a las 3.

¿Alguna diferencia con respecto a su predecesor, el Mark XVII?

Desde luego. La primera, la reducción de la caja pasando de 41 milímetros hasta 40, si bien el diseño de la misma, las asas y la corona sí siguen la misma línea. En la esfera, los detalles más evidentes son la desaparición de la triple fecha del Mark XVII en beneficio de una ventana de fecha convencional, como la del Mark XVI, y la vuelta a los ruedos del 9 y del 6, olvidados en modelos anteriores, todo ello con el objetivo de mejorar su lectura. Un objetivo que, desde luego, está más que cumplido.

Un clásico instantáneo que demuestra que, a veces, la mejor forma de avanzar no es otra que volver a los orígenes.