Presentado en el último SIHH, el nuevo Mark XVIII se ha convertido fugazmente en una de las piezas más interesantes de la línea de relojes de aviador por excelencia, la de IWC. Con la sencillez propia de sus predecesores, Mark XVII y Mark XVI, y con un tamaño en el ecuador entre los 36 mm del Reloj de Aviador Automático 36 y el nuevo Big Pilot de 44 mm, vistos también en el último SIHH, es versátil, sencillo y discreto. Un back to basics en toda regla con un resultado inmejorable.

Con caja de acero fino de 40 milímetros, manteniendo la caja interior de hierro dulce antimagnética de modelos anteriores, está disponible en tres versiones; dos de esfera negra, una con correa de piel de ternero de Santoni y otra con brazalete de acero, y una con esfera plateada con la misma correa de piel. Y además de estas versiones «convencionales», IWC no se ha olvidado de dos de sus ediciones limitadas clásicas, con lo que también tenemos el Mark XVIII Le Petit Prince, con su característica azul y correa marrón también de Santoni, y el Mark XVIII TOP GUN Miramar, con esfera antracita y que ve su tamaño ampliado hasta los 41 mm.

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Sencillos pero con presencia. Como todo IWC Mark XVIII debería ser.

Su esfera, inspirada en los instrumentos de a bordo de un Junkers Ju 52 de los años treinta, como el que aparece grabado en el fondo del reloj, se ha reducido a lo estrictamente esencial, siguiendo el estilo de los relojes de aviación clásicos, con índices y números árabes de grandes dimensiones que favorecen la claridad y legibilidad en cualquier situación, con la única distracción de la indicación de fecha situada a las 3.

¿Alguna diferencia con respecto a su predecesor, el Mark XVII?

Desde luego. La primera, la reducción de la caja pasando de 41 milímetros hasta 40, si bien el diseño de la misma, las asas y la corona sí siguen la misma línea. En la esfera, los detalles más evidentes son la desaparición de la triple fecha del Mark XVII en beneficio de una ventana de fecha convencional, como la del Mark XVI, y la vuelta a los ruedos del 9 y del 6, olvidados en modelos anteriores, todo ello con el objetivo de mejorar su lectura. Un objetivo que, desde luego, está más que cumplido.

Un clásico instantáneo que demuestra que, a veces, la mejor forma de avanzar no es otra que volver a los orígenes.

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