Una preciosidad con líneas de sobrada belleza y un calibre visto que asombraría a los más escépticos. Con esta pieza la marca del Grupo Richemont se afianza en su idea de elevar el savoir faire mecánico a la altura de obra maestra estética. Este camino ya se empezó durante el SIHH 2009 precisamente con el Cartier Santos 100 Squellette.
Los pocos afortunados que consigan el Cartier Rotonde de Cartier Flying Tourbillon Skeleton, la serie está limitada a 100 unidades, se encontrarán con un reloj de 45 mm de diámetro y una maquinaria de cuerda manual con el Sello de Ginebra y estética skelleton o squelette.
Para la concepción se ha dispuesto del famoso Tourbillon Volant de Cartier -el que hizo a Patek Philippe marcharse del Poinçon de Genève- pero adaptándolo a la caja redonda del Rotonde.
Magnifique !!!
Cartier mete la mano allí donde más cuesta. La cuestión es que esta gente está convencida de que lo suyo será la Alta Relojería y se sacan un modelo de la chistera que, y asumo las consecuencias futuras, se convertirá en un nuevo clásico. El dibujo del Cartier Calibre es remarcable a la vez que potente y poderoso, vamos que no pierde un ápice de la finura característica de los Cartier. La nueva maquinaria desarrollada totalmente en su atelier de La Chaux-de-Fonds cumplirá con las exigencias de los más puristas. 
Finalmente y después de haber lanzado referencias engastadas en brilantes, torbellinos volantes, y demás propuestas estéticas, Cartier ha terminado por lanzar este best-seller en 