Relojes y vino
Llevar una obra de arte en la muñeca es un buen instrumento para grandes momentos o para aquellas circunstancias en la que uno se siente cómodo, a gusto.
En este reportaje nos desplazamos a un sitio donde conocen muy bien como satisfacer a cualquier gourmet ofreciendo un gran ambiente y por supuesto una cocina comparable al trabajo de maestros relojeros.{multithumb}
Para la ocasión nos situamos en las bodegas de Via Veneto , un prestigioso restaurante de Barcelona. Después de una comida exquisita, siempre hay tiempo (ó mejor dicho ganas) de visitar algunos de los secretos de la casa, además de buen sitio para charlar de relojes.
Elegimos tres relojes que combinan perfectamente con el estilo y calidad de Via Veneto. Un Audemars Piguet Millenary , un Cartier Ballon Bleu i un A. Lange & Söhne Chronograph 1815 , todos ellos de oro en sus tres aleaciones más conocidas: blanco, amarillo y rosado. Nos adentramos bajo tierra en pleno centro de la ciudad condal para conocer la cava acompañados por su Somelier: José Martinez . Entre diez mil botellas es un lugar perfecto para hablar de vinos y relojes. Existe una gran relación entre ambos mundos que, en sus gamas altas, son fruto del trabajo artesanal del hombre y con resultados para todos los gustos. Son preciados, se coleccionan, tienen historia o simplemente es un placer consumirlos.




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Entretanto degustamos un poco de champagne Krug y hablamos de él, es un vino muy interesante y diferente. Lo podríamos relacionar con cualquiera de nuestros relojes aunque el Ballon Bleu sería el más adecuado por color y nacionalidad. El cronógrafo de la casa de Glashütte posiblemente nos daría un buen vino tinto de la colección Vega Sicilia de los años 70 que, según nos comentan, es la mejor añada. Para acabar no hay duda que nuestro Audemars es la combinación perfecta para una buena copa de vino blanco como un Chateau d’Yquem . Paseando por la bodega se nos ocurren miles de combinaciones con la botellas más antiguas, raras o deseadas.


Nuestros relojes nos hacen disfrutar todavía más de este ambiente, detrás de la aparente fragilidad son el compañero perfecto para las aficiones no deportivas. El Cartier y el Audemars Piguet nos ofrecen horas, minutos y segundos centrales, el Lange por su parte también tiene la funcion de cronógrafo flyback.


Es curiosa la gran amistad relojera y culinaria: pasar un buen momento con amigos, una celebración familiar, un regalo. Quién sabe apreciar el uno también apreciará el otro.
Gracias José y Pedro Monje (Propietarios y regentes de Via Veneto ) y a Joyería Rabat por tan buena compañía y bonitos relojes!
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